Bajé yo y subiste tú
Disqué tu número tras haber redactado
el aviso de mi inusitado enclaustramiento
y rauda acudiste a la llamada de emergencia
procediendo a llevar a cabo la diligencia.
Con libertad cayó la llave de mi exención
y a ti llegó con ayuda de la gravedad,
ascendiste veloz, sin alas, a mi celda
y en aras del amor procuraste mi liberación
mas nunca pudimos realizar la apertura
de un paso cercado del techo al suelo
que hacía de la cercanía una tortura
y de la mirilla una ventana del desconsuelo.
Frugal la ilusión pero eterna la esperanza,
tú emprendiste la senda de la vuelta
deseando que vernos no exigiera tardanza
y yo torné mi paciencia en dolor de muelas.
En un giro cómico sin igual giró la llave al fin,
justo en el momento en que te vieron subir
al carruaje del pueblo, al transporte público.
Del respetable merecimos un aplauso único.
Veloz, como un can de presa prisionero,
salí a tu encuentro, siete palmas por encima
del teatro de los sueños y volvió Cerbero
a evitar que nos viéramos en la cima.
Clamando al cielo volví a marcar tu número
y en el medio del camino acordamos vernos.
Bajé yo y subiste tú, como una sutil metáfora
de lo que quisimos haber hecho primero.
